Shunichiro Yunoki

“El líder de Koga Ryu

Llegamos a Japón a media mañana de un Sábado de 1998. Éramos cinco personas, Juan Hombre, que lideraba el grupo, César Fernández, Alejandro Villaplana, Alfonso Sánchez y yo mismo. Siguiendo como podíamos las indicaciones que nos dieron en el aeropuerto fuimos alquilar una furgoneta, y no pusimos en camino.

Realmente no sabíamos lo que teníamos que hacer, no habíamos concertado ninguna cita con ningún Maestro ni íbamos a entrenar a ninguna escuela en concreto. Sólo conocíamos una zona donde antiguamente habían existido los Ninja y donde sabíamos que aún quedaba un museo con diferentes artefactos. Íbamos a la aventura…

Como extranjeros que éramos todo nos cogía desprevenidos, entre otras cosas, que allí se conducía por el otro lado –como en el Reino Unido-, o que… a las 17:00 horas de la tarde ya es noche cerrada. Entre eso y la diferencia horaria, pronto caímos rendidos los cinco en la furgoneta, en un pequeño aparcamiento que vimos.

¡¡¡COCORICO, COCORICO!!! No. No eran gallos, era la policía japonesa que nos alumbraba con una linterna. ¡Menudo salto que pegamos! Alguien nos había denunciado. Como pudimos les explicamos que éramos practicantes de Artes Marciales venidos desde España, en busca de diversas escuelas para entrenar. Allí tienen un gran respeto por los artistas marciales, ya que al contrario de lo que todo el mundo piensa, no todos los japoneses saben artes marciales. De echo son sólo unos pocos, y eso sí estos son tratados con sumo respeto.

Resulta que nos habíamos metido en un aparcamiento privado, y el policía amablemente nos condujo hasta uno público.

A la mañana siguiente tras desayunar “comida rara” en una tienda de carretera, proseguimos nuestro viaje hasta IGA-UENO.

Aquél lugar era fabuloso, todo lo que uno se podía esperar. Había un castillo feudal, una casa llena de trampas y escondites, así como un museo de documentos y utensilios Ninja antiguos.

En el mapa que teníamos había un pueblo cercano llamado KOKA, y nos dimos cuenta de que en japonés la “K”, a veces se cambia por la “G”, y entonces KOKA seria… KOGA. Era una posibilidad, pero es que en el mapa se veía otros dos KOGA por otras zonas de Japón.

De todas maneras, y como no teníamos nada que perder nos dirigimos hacia aquella zona. Para bien o para mal, la verdad es que nos perdimos, y fijándonos en las indicaciones pronto descubrimos el ideograma “NIN” que caracteriza al Ninja, y siguiendo hacia delante, comenzamos a ver ilustraciones de Ninjas a ambos lados de la carretera.

Estábamos alucinando, en seguida paramos y preguntamos por algún “Museo Ninja”, ellos nos señalaron una dirección, seguimos hacia allí y pronto nos metimos en un pueblecito… En los carteles de las calles había Ninjas dibujados, en las farolas… había Ninjas dibujados, ¡había Ninjas hasta en las alcantarillas! Estábamos en Koga, lo habíamos encontrado. Siguiendo las indicaciones de los aldeanos salimos del pueblo, y tras varios kilómetros (ya pensábamos que nos habíamos equivocado otra vez) pudimos ver a lo alto de una montaña escrito en Kanji (ideogramas japoneses) KOGA RYU NINJUTSU DOJO. Paramos la furgoneta y subí corriendo a inspeccionar… no me lo podía creer. Había una puerta inmensa, como la de una fortificación, cuando la crucé me metí por unos senderos, y comencé a ver casas antiguas un lago preparado para entrenamientos con cuerdas… vi a un japonés y traté de preguntarle por el Maestro, a trancas y barrancas le entendimos que volviéramos al día siguiente.

Ya de noche (las 18:00 horas) paramos en un supermercado de Koga a comprar unos víveres para cenar, y aproveché el momento para practicar mi mal japonés. Con todo esto conseguimos saber donde podríamos encontrar al que se podía considerar como “patriarca de la tradición de Koga”.

Llegamos a una librería en la cual estuvimos esperando varias horas, y finalmente nos condujeron a una especie de cafetería o centro cultural. Allí estaba el Maestro. Era más joven de lo que yo me esperaba. Tendría entre 40 o 50 años.

Su nombre era Shunichiro Yunoki. Tras las presentaciones y debidos formalismos, estuvimos hablando con él hasta largas horas de la madrugada. Entre estas conversaciones nos habló de su tradición familiar, la cual había heredado de su padre, y éste a su vez de su abuelo y otros tres Maestros más, y así hasta perderse en el tiempo…

También nos habló acerca de los actuales líderes del Arte Ninja, y nos dijo: “-eso que ellos hacen no es auténtico Ninjutsu, es simplemente jujutsu”. Así como nos enseñó el sistema de jerarquía y graduación auténtico del Ninjutsu. Entre la conversación nos preguntó el porqué de haber llegado hasta allá, y que otros italianos y americanos ya habían ido allí pero debido a la dureza de su entrenamiento habían desistido. Nos contó que tenía a 5 alumnos, cada uno de diversas partes de Japón, y que entre ellos mismos no se conocían. Todo eso no nos asustó, aunque el Maestro, parecía querer auyentarnos, sino que más bien nos animó. Finalmente, Sensei Yunoki acabó aceptándonos como únicos alumnos suyos occidentales.

En el centro del campo de entrenamiento se situaba un escenario, una pista circular, un restaurante con una tienda de souvenir Ninja y un gran comedor. Al ver algo tan “comercial” Sensei Yunoki nos explicó que durante las fiestas de Koga, en octubre de cada año, todo el pueblo se suma a festejar su tradición guerrera y realizan un gran Campeonato de Ninjutsu allí, en el campo de entrenamiento, y que él, como guardián de la tradición Ninja, era el encargado de organizarlo todo.

Pasamos toda una semana viviendo y sintiendo el espíritru Ninja en aquel campo de entrenamiento llamado KOGA NO SATO, entendiéndolo un poco más, tuvimos nuestros más y nuestros menos con el Maestro Yunoki, y nos integramos dentro de su cultura.

Estuvimos invitados a cenar con toda la “Cumbre” de Koga, como el Maestro Yunoki, el Sr. Tabata-San, Nakajima-San, el Alcalde de Koga y varios actores famosos allí. Salimos en los periódicos de Japón y tras estar una hora -desde las 7:00 am hasta las 8:00 am- en la posición de seiza, demostrándole al Maestro que los españoles tenemos un espíritu tan digno y serio como puedan tener ellos, volvimos a España con la seguridad de ser los únicos occidentales “auténticos Ninja” que existían en ese momento, con la intención de volver al año próximo, y con una reflexión… “-lo que estamos enseñando en España, no es auténtico Ninjutsu”.

Cada uno lo puede entender como quiera. Al año siguiente unos volvieron y otros no pudimos –como es mi caso-, y unos decidieron enseñar lo que allí Yunoki les enseñó, otros decidieron seguir enseñando lo de siempre, pero llamándolo Koga Ryu Ninjutsu (lo cual aprobó Sensei Yunoki, ya que nuestro sistema era bastante efectivo), y otros decidimos por respeto a la tradición Ninja, no volver a llamar a nuestro sistema Ninjutsu.

Tras mucha reflexión y coincidencias… o “visiones” como dirían algunos, además de mucho estudio e investigación por mi parte, apareció ante mis ojos lo que sería el nombre de mi escuela: Kakuto Bugei.

Considero que para ser un Ninja, es imprescindible sino ser japonés, por lo menos ir a Japón sí. Sentir su esencia, vivir su cultura, etc… solo así es posible asimilar esa clase de espíritu, esa esencia que descubrí en Koga, y en todas y cada una de las personas que allí viven.

Mientras tanto, proseguimos en España instruyendo a las Fuerzas Especiales de la Brigada Paracaidista, como colaboradores esporádicos del Maestro J. Hombre. Y en esos momentos fue cuando comencé a profundizar mucho más en aspectos más internos de las Artes Marciales, como los meridianos, la circulación de la energía, el Tai Chi, el Yoga y otra serie de actividades… un círculo cerrado que me volvió a llevar hasta… Koga.

Donde un día descubrí por pura casualidad en casa de mi Maestro un libro de un Ninja muy famoso en la historia de Koga, que fue el Gran Maestro en 14º Generación de la escuela Koga Ryu Ninjutsu, llamado Saiko Fujita.

Los módulos

El sistema de entrenamiento por módulos es un sistema innovador,...

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